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Palabras

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Queridas hermanas, estudiantes, familias, docentes, directivos y colaboradores del Colegio María Auxiliadora de Chía:

Hoy celebramos el Día de la Gratitud, una oportunidad para detenernos y reconocer cuánto bien recibimos de quienes caminan a nuestro lado. En medio de las tareas, las responsabilidades y las preocupaciones, a veces olvidamos decir una palabra sencilla que puede alegrar el corazón de otra persona: gracias.

Como rector, quiero comenzar dando gracias a Dios por la vida de cada uno de ustedes. Nuestro colegio tiene sentido por las personas que lo habitan: por sus sueños, su esfuerzo, sus preguntas y esa disposición de seguir creciendo, incluso cuando el camino se hace difícil.

Gracias a nuestras hermanas salesianas por mantener vivo el espíritu de Don Bosco y de Madre Mazzarello; por recordarnos, con su presencia y su entrega, que educar es acompañar con amor, sembrar esperanza y confiar en el bien que hay en cada niño, niña y joven.

Gracias a nuestros docentes por mucho más que preparar clases y evaluar aprendizajes. Gracias por explicar una vez más, por escuchar a quien necesita hablar, por descubrir capacidades que un estudiante todavía no reconoce en sí mismo. Sabemos que detrás de cada jornada hay dedicación, paciencia y un compromiso que muchas veces continúa después de salir del colegio.

A nuestros colaboradores administrativos y de servicios, gracias por el trabajo que permite que cada día podamos encontrarnos en un lugar cuidado, organizado y acogedor. Hay labores que se hacen en silencio, pero que todos necesitamos. Hoy queremos reconocerlas y agradecerlas de corazón.

A las familias, gracias por confiarnos lo más valioso que tienen: sus hijos e hijas. Gracias por acompañar sus procesos, por estar presentes y por trabajar junto a nosotros. Educar requiere diálogo, confianza y paciencia; también requiere que, cuando surjan dificultades, podamos mirarnos con respeto y buscar juntos lo mejor para nuestros estudiantes.

Y a ustedes, queridos estudiantes, gracias por llenar de vida nuestro colegio. Por sus risas, sus talentos, sus iniciativas y sus preguntas. Gracias por esos gestos que nos permiten ver crecer una comunidad: ayudar a un compañero, compartir, pedir perdón, incluir a quien está solo o volver a intentarlo después de una dificultad. Ustedes también nos enseñan.

En nuestra tradición salesiana, la gratitud nace de sentirnos queridos y reconocer el amor que recibimos. Por eso, agradecer también nos compromete. Podemos decir gracias cuidando lo que tenemos, tratando bien a los demás, cumpliendo nuestras responsabilidades y ofreciendo con generosidad nuestros propios talentos.

Hoy los invito a pensar en alguien a quien quizá no le han agradecido lo suficiente. Puede ser una persona de su familia, un maestro, una compañera, un colaborador del colegio. Acerquémonos y digámosle algo concreto: “Gracias por escucharme”, “gracias por tenerme paciencia”, “gracias por ayudarme cuando lo necesitaba”. No dejemos para después esas palabras que pueden hacer tanto bien.

Que María Auxiliadora nos enseñe a reconocer los pequeños regalos de cada día y a responder a ellos con un corazón generoso. Que, al estilo de Don Bosco, sigamos construyendo un colegio donde cada persona se sienta acogida, valorada y querida.

Gracias por formar parte de esta familia educativa. Gracias por lo que cada uno aporta y por todo lo que todavía podemos construir juntos.

¡Feliz Día de la Gratitud!